A partir de ahora creo que sólo me gustarán los
domingos cuando tú me despiertes y me traigas el desayuno a la cama. Cuando
puedas besarme en todos los rincones de tu casa, hasta acabar en el suelo. De
mirarte y morirme de ganas de que me vuelvas a descubrir. De que me mires como
si no importase que el mundo siga su camino fuera. Reírme todo el día, y que
pienses que estoy un poco loca. Que aunque a veces me tiemblen las piernas, me
encanta que me quites el pijama a tu antojo, que me duches mientras me quejo de
que no hay suficiente espacio, del frío o de mi pelo mojándose. Que me calles
con un beso y que yo entienda que, entonces, no hace falta nada más. Que el
peso de las palabras nunca sea el mismo. Que no creo que cambiase nada aunque
pudiese. Que los abrazos son la única arma que tenemos para que las dudas se
disuelvan. Para estirar la sonrisa como si fuese de goma, sin miedo a que
vuelva a romperse. Siempre preferí darlo todo aunque me jugase los huesos en
cada resbalón. Menos mal que luego podemos lamernos las heridas.♥
