sábado, 10 de diciembre de 2011


Porque era inevitable que no me brillaran los ojos al mirarte, que no me temblara el cuerpo a cada metro que te fueras acercando a mí. La titubez con la que te hablaba porque tú me dejabas sin palabras.
Porque me sacabas una sonrisa tan solo al verte aunque muchas veces la ocultase, también por desear que me abrazaras constantemente y sentir tu cuerpo junto al mío y es entonces cuando quieres, deseas, imploras que el tiempo pare. Que las manecillas del reloj se congelen, que los segundos se vuelvan horas, días, meses o incluso años. 
Porque ya te echaba de menos cuando aún no te habías marchado; porque simplemente el roce de tus dedos en mi piel hacia que me estremeciera y el corazón fuera a más velocidad...
El suave tacto de tus labios junto a los míos creaban en mi una calma interior, hacías que todo fuera posible...