jueves, 1 de marzo de 2012


Y aquí estoy. Sentada en nuestro banco, bajo esos tres arboles gigantescos, y unos cuantos pájaros cantando felizmente sin preocupación alguna.
Me siento, observo y sonrío.
Recuerdos, recuerdos y mas recuerdos, al fin y al cabo no son más que eso pienso.
Me gusta recordarte. Recuerdo tu mirada, lo intrigante que era, y lo mucho que me costaba adivinar que se escondía tras ella. Luego esta tu nariz, perfecta, recuerdo lo mucho que te gustaba a ti jugar con la mía.
Mas abajo encuentro tu boca. Esa que tanto me gustaba, mi mayor debilidad, mi perdición.
Esos labios rojos y suaves, pequeños y hermosos, dulces y amargos al mismo tiempo.
Recuerdo como al mirarte sabias exactamente lo que esperaba que saliera de entre esos labios para comenzar el ataque. Sabias que al decirlas ya no habría marcha atrás, que nos comeríamos a besos, y luego de entre mis labios saldría el más sincero de los tequiero.
Duele aceptar que todo esto se quedara solo en recuerdos, duele que ya lo sean. Pensar que ya nunca sentiremos esa sensación de saber que nos veremos… ¿la recuerdas?
Dime que si, dime que tu también piensas tanto en mí, como yo lo hago en ti, dame alguna señal, dime que no todo acabo, que en el fondo aun nos queda algo de amor, dime que es tan solo un bache, que nuestros caminos se han desviado un poco, y que se volverán a encontrar pronto, dímelo…