Y aquí estoy. Sentada en
nuestro banco, bajo esos tres arboles gigantescos, y unos cuantos pájaros
cantando felizmente sin preocupación alguna.
Me siento, observo y sonrío.
Recuerdos, recuerdos y mas recuerdos, al fin y al cabo no son más que eso
pienso.
Me gusta recordarte. Recuerdo tu mirada, lo intrigante que era, y lo mucho que
me costaba adivinar que se escondía tras ella. Luego esta tu nariz, perfecta,
recuerdo lo mucho que te gustaba a ti jugar con la mía.
Mas abajo encuentro tu boca. Esa que tanto me gustaba, mi mayor debilidad, mi perdición.
Esos labios rojos y suaves, pequeños y hermosos, dulces y amargos al mismo
tiempo.
Recuerdo como al mirarte sabias exactamente lo que esperaba que saliera de
entre esos labios para comenzar el ataque. Sabias que al decirlas ya no habría marcha
atrás, que nos comeríamos a besos, y luego de entre mis labios saldría el más
sincero de los tequiero.
Duele aceptar que todo esto se quedara solo en recuerdos, duele que ya lo
sean. Pensar que ya nunca sentiremos esa sensación de saber que nos veremos… ¿la
recuerdas?
Dime que si, dime que tu también piensas tanto en mí, como yo lo hago en ti,
dame alguna señal, dime que no todo acabo, que en el fondo aun nos queda algo
de amor, dime que es tan solo un bache, que nuestros caminos se han desviado un
poco, y que se volverán a encontrar pronto, dímelo…
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