“Hay
ocasiones en las que uno tarda una fracción de segundo en aceptar la brusca ausencia de todo lo que le ha pertenecido: igual que la luz es más veloz que el
sonido, la conciencia es más rápida que el dolor, y nos deslumbra como un
relámpago que sucede en silencio. El verdadero dolor llegó varias horas más
tarde, y fue entonces cuando quiso recordar una por una las palabras que los
dos habían dicho y no pudo lograrlo. Entonces comprendió que la ausencia era aquella asquerosa sensación
de vacío.”
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