No hay nada como quererte,
extrañarte, sentirte.
Nada como besarte, rozarte o mirarte.
Nada como un amanecer a tu lado, como un beso inocente de esos que te ponen nervioso
y aceleran el corazón.
Nada como tus ojos, tus manos, tus labios.
Nada como tú.
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