El. Ella. Ellos.
El. Roquero hasta la muerte, amante
de todas y cada una de las canciones de ese grupo del cual ella nunca consiguió
acordarse el nombre. El, que todas las noches la engañaba a ella, con su mejor
amiga, acariciándole las cuerdas cada noche, afinándola y desahogándose.
Ella. Siempre tan pequeña, tan
insegura, siempre tratando de no reconocer sus debilidades, guardándose todo lo
que siente con tal de verle feliz a él, sacando fuerzas para tener una sonrisa
en la cara para que automáticamente se dibuje otra en la suya.
Ellos el conjunto desperfecto, dos
imanes de polos opuestos.
Ellos que pasan horas planeando su vida
juntos, que comparten todo, que con solo una mirada se entienden, que no hacen falta
palabras para decirse cuanto se aman.
Ahora todo eso no les acompaña, todo se ha esfumado, como el humo de un cigarro.
Todo a pasado tan deprisa, ha durado todo un suspiro, no a habido tiempo de nada.
Les ha sobrado “tequieros” y besos…
¿Donde guardaran sus planes, la casita en la playa y las mañanas de café con
galletas?
¿Donde quedará todo lo soñado?
Es todo tan triste, las canciones ya no hablan de ellos, nadie les recuerda, es
otra historia que queda enterrada en el fondo del mar…
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