martes, 5 de junio de 2012

El. Ella. Ellos.
El. Roquero hasta la muerte, amante de todas y cada una de las canciones de ese grupo
del cual ella nunca consiguió acordarse el nombre.
El, que todas las noches la engañaba a ella, con su mejor amiga,
acariciándole las cuerdas cada noche, afinándola y desahogándose.
Ella. Siempre tan pequeña, tan insegura, siempre tratando de no reconocer sus debilidades,
guardándose todo lo que siente con tal de verle feliz a él,
sacando fuerzas para tener una sonrisa en la cara para que automáticamente se dibuje otra en la suya.

Ellos
el conjunto desperfecto, dos imanes de polos opuestos.
Ellos que pasan horas planeando su vida juntos,
que comparten todo, que con solo una mirada se entienden,
que no hacen falta palabras para decirse cuanto se aman.
Ahora todo eso no les acompaña, todo se ha esfumado, como el humo de un cigarro.
Todo a pasado tan deprisa, ha durado todo un suspiro, no a habido tiempo de nada.
Les ha sobrado “tequieros” y besos…
¿Donde guardaran sus planes, la casita en la playa y las mañanas de café con galletas?
¿Donde quedará todo lo soñado?
Es todo tan triste, las canciones ya no hablan de ellos, nadie les recuerda,
es otra historia que queda enterrada en el fondo del mar…